jueves, 28 de enero de 2010

ES IMPRESCINDIBLE QUE SE LOGRE EL PACTO POR LA EDUCACIÓN

Parece que, al fin, se ha llegado al consenso social y político en una idea: Es imprescindible un Pacto por la Educación que saque nuestro sistema educativo del deterioro en que está sumido. Ahora hay que clamar por que se consiga. No deberíamos, no deberían los responsables, desaprovechar la oportunidad de lograr un acuerdo por la educación del que depende nuestro futuro como sociedad y no sólo en el aspecto económico.
Ese pacto deberá atender a muchas más cuestiones que a la reforma de la Enseñanza Secundaria, y no es mi intención abordar aquí todas, pero es ésta una de las fundamentales y, dentro de ella, uno de los factores que está causando desde hace años disfunciones importantes que han lastrado el sistema es la imposición de un currículum compartido por todos los alumnos hasta los 16 años.
Cuando se pone demasiado alto el listón de los objetivos ideales, suele ocurrir que el fracaso esté asegurado si la realidad se empeña en no responder al ideal, que es lo que suele hacer. Es fácil estar de acuerdo con la idea de que todos los alumnos deberían alcanzar un nivel similar de conocimientos al terminar la enseñanza obligatoria a los 16 años, pero esta igualitaria y excelente idea en la teoría ha resultado un fiasco en la práctica llevándonos a unas tasas de fracaso escolar del 30 %. Y ha sido un fiasco por la sencilla razón de que los alumnos no parten en igualdad de condiciones dado que sus entornos socio-económico-culturales difieren notablemente, también sus capacidades y sus inclinaciones, y es de una gran torpeza pensar que el hecho de poner un objetivo alto para todos sin alterar las condiciones de partida igualando por abajo va a redundar mágicamente en el logro de esa meta para todos. Sabemos, a tenor de las encuestas, que el fracaso escolar guarda una estrecha relación con el nivel socio-cultural de la familia, siendo determinante la formación de la madre y la motivación que cree en los hijos. Las leyes, pues, no igualan. Si hay alguna forma de incidir sobre el origen del fracaso, que se haga, pero que no se intente camuflar la realidad con las leyes.
Por estas razones, se impone que la nueva ley que surja del pacto se haga eco de la petición clamorosa de los profesores de secundaria que ansían que no estén en las aulas adolescentes a los que no les interesa estudiar los contenidos del segundo ciclo de la ESO y están estorbando el progreso de los que sí quieren, al tiempo que están ellos mismos sufriendo un perjuicio en sus expectativas profesionales y de desarrollo general porque podrían estar formándose en una profesión. Se puede y se debe seguir manteniendo la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16, y así debe ser porque esta es la edad mínima de incorporación al mercado laboral y porque la formación no se puede detener en los 14, pero se debe implantar la formación profesional desde los 14, a lo sumo 15, y un bachillerato más largo y más riguroso, de 3 0 4 cursos, que es lo que están reclamando los profesores universitarios que se enfrentan a un alumnado deficientemente preparado para abordar una enseñanza superior cada vez más exigente. Y también contribuiría a elevar el nivel que al profesorado se exija titulación en materias afines a las que imparte. A esto debe ir unida la mejora y el prestigio de la Formación Profesional, el desechar la idea de que es un refugio para torpes y considerarla una opción imprescindible en la que pueden brillar alumnos que fracasarían en la actual ESO.
No es comprensible el empecinamiento que ha mantenido el PSOE para no abordar esta reforma como no es comprensible el del PP respecto a Educación para la Ciudadanía. Según el artículo 27.2 de la Constitución, la educación “tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. Para garantizar que se cumple el precepto constitucional, se crea esta asignatura. Su contenido no tiene por qué entrar en conflicto con las creencias diversas de los padres y los alumnos porque se trata de instruir en valores compartidos en una democracia. En este sentido, la propuesta de UPyD de fijar un texto unificado para la asignatura que sirva de base a los profesores es la mejor forma de garantizar que no sea motivo de adoctrinamiento de ningún signo en aspectos morales que forman parte de las opciones individuales.
En mi opinión, en las propuestas de este partido en materia de educación, elemento central de su programa, podemos encontrar los elementos que son clave para lograr un sistema educativo a la altura de la sociedad desarrollada y culta a la que aspiramos: La apuesta por una escuela pública laica y de calidad; la importancia de los objetivos de instrucción; la educación como instrumento de cohesión, frente a las tendencias fragmentadoras que alientan tras las políticas de normalización lingüística de las comunidades bilingües; la revalorización de la Formación Profesional; la formación del profesorado…Es una lástima que su escasa representación parlamentaria actual no le permita formar parte de las conversaciones.
Aunque sólo sea porque la crisis que vivimos, más profunda que la de los países de nuestro entorno, nos ha recordado que necesitamos una profunda reforma educativa, los políticos deberían hacer un esfuerzo de responsabilidad y llegar a un acuerdo que aleje del irritante cruce de acusaciones entre partidos un asunto tan importante y estratégico. Sabemos que en las sociedades desarrolladas estamos condenados a sufrir las negativas consecuencias del bienestar y una de ellas es la tendencia a huir del esfuerzo. Este fenómeno de la laxitud que produce el éxito también explica el hecho de que las potencias emergentes, como China o India, estén en mejores condiciones de afrontar los retos del futuro que las viejas potencias. Por nuestra condición de nuevos ricos, sufrimos de manera especial este síndrome que afecta a toda la sociedad y también, como es lógico, a los estudiantes. Pero que la tendencia tenga explicación, no implica que nos resignemos a ella. La crisis puede ser una oportunidad para remontar.

viernes, 15 de enero de 2010

EL PRESIDENTE ZAPATERO EN EL DESAYUNO NACIONAL DE ORACIÓN

Todo apunta a que la baraka, la suerte que hasta hace poco había sido el mejor pasaporte del presidente Zapatero para recalar y mantenerse en la Presidencia del Gobierno, y que a juicio del ex presidente Felipe González es su mejor virtud, ha empezado a abandonarlo. No me refiero ahora al hecho de que hasta los más leales empiezan a ver ya el desastre de su no modelo territorial o a la crisis económica que no supo prever ni está acertando a resolver, sino al regalo envenenado que el presidente Obama le ha hecho invitándolo al Desayuno Nacional de Oración organizado por el Congreso estadounidense, que tendrá lugar a comienzos de Febrero.

Este acto, celebrado anualmente el primer jueves de Febrero, que empezó siendo un desayuno, pero que actualmente se celebra durante una semana, comenzó su andadura en los años 30, durante la Gran Depresión, y alcanzó relieve a partir de 1953 cuando el presidente Eisenhower asistió al mismo, inaugurando una tradición de asistencia de todos los presidentes que ha llegado hasta la actualidad. Está organizado por el grupo religioso ultraconservador llamado La Comunidad o La Familia.

La Comunidad es uno de los movimientos fundamentalistas más poderosos e influyentes de los EE.UU., formado por congresistas, altos funcionarios, ejecutivos de empresas, generales y jefes de estado extranjeros. Su financiación es privada y sus actividades y el nombre de sus miembros son secretos pero es reconocida su influencia en la política interior y exterior del país. De ideología ultraconservadora, la mayoría de sus miembros son hombres y republicanos aunque también hay algunos demócratas. Una de sus últimas actividades en el exterior, según aparece publicado en la web fogcityjournal , apoyándose en el trabajo de investigación de Jeff Sharlet, The Family: The secret Fundamentalism at the Heart of American Power, ha sido el apoyo y financiación prestados a un proyecto de ley en Uganda para castigar con pena de muerte las prácticas homosexuales, que actualmente están castigadas con la cadena perpetua. Más que creyentes en la democracia, aseguran sus críticos, están a favor de un totalitarismo cristiano, una especie de teocracia cristiana, y en política exterior son partidarios de un expansionismo “blando”.

Decía que es mala suerte que la invitación del presidente Obama sea para un acto que ya está costando un alto precio al prestigio interior de Zapatero por entrar en conflicto con sus convicciones laicistas. Los medios de influencia católica no han desaprovechado la ocasión para criticar la incoherencia que esto supone y poner en evidencia lo poco que le importan sus principios en confrontación con los ansiados encuentros con el presidente estadounidense. Lo cierto es que Zapatero no ha sido en sus años de gobierno un laicista radical y, para probarlo, no hay más que fijarse en que no va a denunciar los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede, denuncia que sería prueba de la profundidad de sus convicciones laicistas, pero su presencia en este evento de fundamentalistas religiosos va a ser también motivo de crítica por parte de los que esperamos pasos firmes hacia la laicidad. Pero quién sabe si no nos dará una sorpresa haciendo un incendiario discurso laicista en el acto, que nos haría perdonarle alguno de sus desvaríos. No hay que perder la esperanza.

domingo, 3 de enero de 2010

NUEVO AÑO, VIEJO MUNDO

Empieza un nuevo año según la convención del calendario, pero realmente no empieza nada sino que la vida continúa o, como diría mejor Neruda, “la tierra no lo sabe”. Tiene, sin embargo, algunas ventajas el hecho de ir marcando el tiempo y hacer rituales de olvido y renovación: Olvidamos los aciagos días precedentes con el ritual de fin de año y, al elaborar propósitos, a veces los mismos, intentamos perder el tiempo lo menos posible y eliminar la desazonante sensación de que se nos escapa sin remedio. Tal vez el mismo vano intento de atrapar la vida y expresarse que late tras el impulso que nos lleva a muchos a arar sobre el campo blanco con estos bueyes que siembran semilla negra, lamentando, como el replicante de Blade Runner que todo esto desaparecerá como lágrimas en la lluvia.
Pero lo triste del nuevo año no es que la tierra no lo sepa sino que no lo saben tampoco quienes tienen alguna capacidad de decisión sobre nuestras pobres vidas y no han cedido a la popular tentación de hacer buenos propósitos que nos convenzan de que estamos ante algo nuevo. Nada ha cambiado después del champán y las uvas o el ritual con el que cada cual se despida de un año y abrace al otro. Valgan como ilustración algunos ejemplos: Juan López de Uralde, junto a otros tres activistas de Greenpeace, continúa preso en una cárcel danesa como esclarecedor símbolo de los resultados de la cumbre de Copenhague sobre el clima, de quién ha ganado y perdido; por si no fueran suficientes Irak y Afganistán, en Yemen se perfila un tercer frente que pone de manifiesto, junto a lo ocurrido en Copenhague, hasta qué punto Obama representa poco de nuevo en la política exterior de EE.UU. respecto a su predecesor, como era de prever, salvo en un lenguaje más inteligente, aunque no más inteligible; por estos pagos, el presidente Zapatero continúa diciendo sandeces, que nos hacen sentir vergüenza ajena, la última, que va a liderar la salida de Europa de la crisis y, ya más cerca, el alcalde de Getafe continúa adelante con su propósito de seguir urbanizando el término hasta no dejar zona verde viva, sin barruntar siquiera que su voluntad y la realidad pueden tomar caminos muy divergentes en esta ocasión, o eso quiero pensar. En fin, es una pequeña muestra de que el año va a seguir por los mismos o parecidos derroteros que el anterior.
Sí, la vida pública da pocas alegrías y sucumbo a la tentación de ir a buscar consuelo a la zozobra en la privada y hacer propósitos. Como no quiero perder peso (no me estorba ni un gramo), ni tengo que dejar de fumar, porque no fumo, ni quiero renunciar a beberme el Möet que me han regalado y todas las copas compartidas que el destino tenga a bien depararme, me hago el propósito de hacer lo que quiera siempre que me dejen y sobre todo de ceder al deseo de conocimiento, a la contemplación, que es el mejor empleo que podemos dar al tiempo porque el mejor antídoto contra las desilusiones de la realidad es comprenderla o intentar comprenderla. También es la mejor forma, junto a la creación, si puedes, de sobrellevar la conciencia de nuestra futilidad. Por eso empiezo el año recordando y compartiendo con vosotros unas palabras de Marco Aurelio: “La dicha del hombre consiste en hacer lo que es propio del hombre. Y es propio del hombre el trato benevolente con sus semejantes, el menosprecio de los movimientos de los sentidos, el discernir las ideas que inspiran crédito, la contemplación de la naturaleza del conjunto universal y de las cosas que se producen de acuerdo con ella”. Entendiendo la benevolencia como compatible con la crítica al poder, y sin ser muy estrictos en el menosprecio de los movimientos de los sentidos, porque no somos estoicos iniciados sino aprendices, la receta es válida para encarar unos meses estoicamente felices, contemplando.